A veces, la edad adulta nos aleja de cuanto nos definía desde la esencia. La ESPONTANEIDAD nos escandaliza, la ALEGRÍA nos cansa y la INOCENCIA se convierte en un defecto a corregir.

Al tiempo que aumenta nuestra preocupación por todo aquello que se puede comprar; irremediablemente, dejamos a un lado, casi sin darnos cuenta,

TODO AQUELLO QUE
DE VERDAD NOS HACE RICOS

LAS PERSONAS QUE NOS QUIEREN, LOS INSTANTES QUE COMPARTIMOS CON ELLOS
LA EMOCIÓN, LA ILUSIÓN Y LA ESPERANZA.

SI PUDIÉRAMOS REUNIRNOS
CON NUESTRO YO DE LA INFANCIA,

¿QUÉ NOS DIRÍAMOS?
¿QUÉ CONSEJO LE DARÍAMOS?


Quizás corregiríamos su afán por divertirse,…

… EXPLORAR Y SOÑAR

Tal vez, seríamos nosotros, adultos omniscientes, todopoderosos, quienes aprenderíamos una nueva lección:

CADA DÍA, TAMBIÉN EN NAVIDAD, ES
UNA OCASIÓN ÚNICA PARA DISFRUTAR
DE NUESTRA MEJOR VERSIÓN,