“Cambiaría todos mis éxitos por un instante de mi infancia.”

Javier Castillo, ”Poty”, llegaba a este mundo apenas unos días después de que su madre perdiera a otro de sus hijos. Una crueldad del destino que llevó a este niño de Torrelavega (Cantabria) a crecer con el “compromiso” de hacer feliz a su entorno y repartir alegría y buen humor a todo el mundo. Ser el “quitapenas” como muchos le llamaban, se convertía en su gran legado.

Extrovertido e inquieto, pronto tuvo claro que quería ser bailarín.


Extrovertido e inquieto, pronto tuvo claro que quería ser bailarín. Pero no fue hasta cumplir los 20 años, mientras hacía la mili cuando se decide, tras recibir una llamada telefónica de su madre para apuntarlo en la escuela Superior de Ballet, en Torrelavega.

Era demasiado alto y mayor para ser bailarín, por ello le pronosticaron un pésimo futuro y una corta carrera, pero se equivocaron. Tras superar el examen ingresa en el Real Conservatorio de Arte Dramático y Danza de Madrid, consiguiendo por méritos propios formar parte del Ballet Lírico Nacional, donde estuvo hasta finales de 1991.

Como coreógrafo, consigue el oro, en 1993 para la Selección Española de Gimnasia Rítmica. Un logro que lo catapulta a la televisión y así inicia su andadura de 11 años en Antena 3, convirtiéndose en el Director General de Coreografías de la Cadena y trabajando para los artistas nacionales e internacionales más renombrados, como Maríah Carey, Miguel Bosé,

Chayanne, Paulina Rubio o Will Smith. Pasó a estar delante de las cámaras, como él mismo afirma, por pura casualidad. Fue en el programa “Lluvia de estrellas”, presentado por Bertín Osborne. El éxito de audiencia lo lleva al formar parte del reality “Operación Triunfo”, donde el cántabro consigue destacar como uno de los profesores más emblemáticos.

La fama y su carisma lo llevan de un programa a otro, formando parte del jurado de concursos como  “Mira quien baila” de Televisión Española o  “Tu Cara Me Suena”, de A3.


Pero la estela de su éxito cruza el Atlántico, hasta llegar a Estados Unidos, donde ya es tan popular como en España.


Nada más llegar al nuevo continente, Poty se sorprende por ser reconocido de inmediato, hasta que constata  que se trata de un error. El público lo saluda y mira constantemente, al ser confundido con la gran figura de la canción, Camilo Sexto. Esta confusión pronto se queda en una divertida anécdota, ya que Poty consigue hacerse con el público americano llegando incluso a dar incluso la bienvenida al Nuevo Año desde la famosa Time Square de Nueva York.

Asimismo, durante dos años seguidos, es la cara de Nescafé, dándole el relevo a Ricky Martin, que es la imagen actual de la conocida marca de café.

A pesar de tantos logros, Poty asegura que la suya ha sido una carrera dura en la que ha llegado a romperse dos veces cada pie y  en la que el trabajo constante ha marcado el compás de su coreografía vital. Para él, la danza es su vida y no hay nada que le emocione y le haga sentir más que ver y practicar, sobre todo, ballet clásico.

Para él, la danza es su vida y no hay nada que le emocione y le haga sentir más que ver y practicar, sobre todo, ballet clásico.


Echando la vista atrás , este hombre alegre y acogedor, no duda un instante en cambiar todos sus éxitos por volver a su infancia y verse  en su humilde hogar, rodeado de sus hermanos y del amor de unos padres y unos abuelos que siempre lo animaron a ser bailarín, porque sabían que así sería un hombre feliz.

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